Desde la primera escena de El Artista, parece que entramos a una máquina del tiempo que nos lleva a los albores del siglo XX. Esta película europea, ganadora del Oscar 2012, filmada en un blanco y negro total y, además muda, cuenta la historia de George Valentin (Jean Dujardin) una súper estrella del cine mudo que se resiste a la modernidad de los filmes sonoros y por orgullo cae en la ruina total.
Detrás de esta historia y sin distraer del mérito de lograr un suceso cinematográfico con las técnicas usadas a principios del siglo pasado, se esconde una dulce historia de amor entre Valentino y su joven admiradora Peppy Miller (Berenice Bejo), una estrella en ascenso que se enamora platónicamente de él y conserva su amor para salvarlo de la adversidad.
El filme es un tributo al cine clásico, actuaciones muy expresivas en los gestos, un permanente y efectivo acompañamiento musical que atrapa al espectador sin darle opción a extrañar las voces de los actores y los efectos sonoros, que no hacen falta para llevar el hilo de la historia.
Ver esta película es una delicia para disfrutar del cine en sus inicios; sencilla y con memorables actuaciones, El Artista sorprende por su valiente sobriedad que cautiva; una muestra real del buen cine, alejado de pomposos efectos y complicados argumentos.









